Estos son los virus que habrá que mantener bajo vigilancia en 2026.

NOTA: GACETAMEDICA.COM

Gripe aviar A(H5)

La gripe aviar altamente patógena A(H5) continúa encabezando las listas de vigilancia internacional. A lo largo de 2025, la FAO, la OMS y la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) han documentado una circulación extensa del virus en aves silvestres y de corral, así como infecciones en mamíferos, incluidos visones, zorros y leones marinos.

Aunque el riesgo para la población general sigue considerándose bajo, los expertos advierten de que cada infección en mamíferos supone una oportunidad para que el virus se adapte mejor al huésped humano. Los casos humanos notificados en 2025 han sido esporádicos y vinculados principalmente a exposiciones intensas, pero el consenso científico es claro: el virus A(H5) sigue siendo uno de los principales candidatos a causar una futura pandemia si adquiere transmisión sostenida entre personas.

Virus respiratorios estacionales: influenza y VRS bajo el foco

La gripe estacional y el virus respiratorio sincitial (VRS) han mostrado en 2025 patrones de circulación irregulares, con temporadas más largas o desplazadas respecto a los meses tradicionales. Este comportamiento, atribuido en parte a los cambios en la inmunidad poblacional tras la pandemia, ha incrementado la presión asistencial en hospitales, especialmente en pediatría y geriatría.

De cara a 2026, los expertos consideran prioritario reforzar la vigilancia conjunta de influenza, VRS y otros virus respiratorios, así como ampliar las estrategias de vacunación. La llegada de nuevas vacunas frente a VRS para adultos mayores y embarazadas podría marcar un punto de inflexión, siempre que se logren altas coberturas.

Henipavirus (Nipah): brotes pequeños, impacto potencial alto

El virus Nipah, transmitido desde murciélagos frugívoros, sigue causando brotes anuales en países como Bangladesh e India. En 2025 se notificaron nuevos casos con una letalidad elevada, aunque con transmisión limitada entre personas.

Los henipavirus preocupan especialmente por su combinación de alta mortalidad y ausencia de tratamientos o vacunas ampliamente disponibles. La OMS los incluye de forma recurrente en su lista de patógenos prioritarios, y los expertos advierten de que un cambio en su capacidad de transmisión podría tener consecuencias graves. Por ello, la vigilancia en zonas endémicas y la preparación hospitalaria siguen siendo esenciales.

SARS-CoV-2: un virus que no desaparece, pero pierde centralidad

Aunque ya no ocupa el centro del escenario, el SARS-CoV-2 continúa evolucionando. En 2025 se identificaron nuevas subvariantes, como XFG (Stratus), que lograron una mayor circulación en algunos países, sin asociarse de forma clara a un aumento de la gravedad.

La OMS mantiene varias de estas variantes bajo vigilancia y recomienda no desmantelar los sistemas de secuenciación genómica. Para 2026, el principal reto no es una nueva pandemia, sino la gestión de olas estacionales, la protección de personas vulnerables y la actualización de vacunas cuando sea necesario.

Enterovirus y otros patógenos emergentes

Además de los virus más conocidos, los sistemas de alerta temprana siguen atentos a enterovirus como EV-D68, asociados en ocasiones a cuadros neurológicos en niños, así como a otros patógenos emergentes con potencial epidémico. Aunque su impacto suele ser localizado, la detección tardía puede amplificar sus consecuencias.

Los expertos coinciden en que la clave no está solo en identificar virus concretos, sino en reforzar las capacidades estructurales de los sistemas sanitarios. La vigilancia integrada, la cooperación internacional y el enfoque One Health, que conecta la salud humana, animal y ambiental, serán determinantes para anticipar amenazas.

Mpox: transmisión persistente y desigual

La mpox continúa siendo un problema de salud pública relevante, especialmente en varios países africanos donde la transmisión no se ha interrumpido. En 2025, la OMS ha alertado de brotes recurrentes, algunos asociados a nuevas cadenas de transmisión y a un acceso limitado a vacunas y tratamientos.

Fuera de África, los casos han sido menos numerosos, pero la experiencia de los últimos años demuestra que el virus puede expandirse rápidamente si fallan la detección precoz y la respuesta sanitaria. Para 2026, los expertos subrayan la necesidad de mantener sistemas de vigilancia activos, asegurar la vacunación de grupos de riesgo y evitar una falsa sensación de seguridad en países donde la incidencia es baja.

La experiencia acumulada en los últimos años ha demostrado que reaccionar tarde tiene un coste elevado. En 2026, el desafío será mantener la atención incluso cuando la emergencia no sea evidente, porque, como recuerdan los epidemiólogos, los virus no entienden de calendarios ni de finales de año.

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